lunes, 16 de noviembre de 2015



EL PRIMER ROMANCE

Lunes,8 de Enero de 1896. Me encantan los lunes, sobre todo porque... Espera un momento, quizás no me gusten los lunes,¿o quizás si?  
La verdad es que nunca me he planteado si realmente me gustan los lunes, pero especialmente este lunes me parece especial. Me paro un momento a pensar... Supongo que no estoy del todo despierto porque me acabo de levantar. Bajé a desayunar, y, como siempre, mi madre me esperaba enfrente de la mesa de la cocina. Hoy la encontraba rara, demasiado silenciosa. Le pregunté si ocurría algo, y, con un solemne gesto, negó con la cabeza y me señaló hacia la mesa casi susurrándome:
- Desayuna.
Me dirigí hacia la mesa y, cuando esperaba leche y un poco de pan, vi un plato con tortitas de arándanos. No moví un dedo durante unos veinte segundos, y, cuando mi memoria parecía haberse colapsado, algo me ayudó a recordar. 
Era la voz de mi madre diciendo:
- A caso no te acuerdas de que día es hoy?
- Hoy es lunes, creo.
- Pero, ¿No recuerdas de qué lunes es este?

De repente, mi cerebro comenzó a diluir información por mi sistema nervioso. Conseguí recordar, a duras penas, que hoy no era lunes, sino ÉSE lunes, el lunes que llevaba esperando durante un mes entero. Era el lunes especial, el del desayuno especial, la comida especial y mi favorita, la cena especial.
Comí despacio, saboreando cada trozo de tortita.
Cuando acabé de desayunar, me constaté de que había pasado media hora y fui corriendo a la escuela. El sabor de las deliciosas tortitas se ahogó en una nube de cansancio cuando llegué a clase. Supongo que las tortitas no deberían haberme sentado muy bien ya que no se si por causas naturales o por la larga carrera, (supongo que por la carrera) las tortitas decidieron salir de mi cuerpo formando una papilla grumosa.
Mis compañeros se repugnaron y no se acercaron a mí en lo que quedaba de clase. Amy Lorence, la chica que amo y que siempre amaré, pareció extrañada ya que habría pensado que era raro, porque ella sabe que no soy esa clase de chico, sino que soy un poco, bueno se podría decir que hasta demasiado formal.
En el patio de recreo, estuve en un rincón aparte, dejando la sociedad a un lado y a mi espíritu por otro.
Me quedé pensando y me dije:
- ¿Por qué estoy aquí, en este rincón?

Lo que me pasa es que a veces estoy tan concentrado en algo que de repente se me olvida la razón por lo que estoy haciendo lo que sea que estuviera haciendo.

Tras otros instantes recordé lo del vómito y lo avergonzado que me sentí en ese momento. A veces desearía poder parar el tiempo y hacer que los demás no supieran nada de lo que hago.

Al acabar las clases salí mucho mas tarde de lo habitual, ya que no quería avistar ningún ser humano, y mucho menos a mis compañeros de clase.
Al llegar a casa, mamá me alegró la tarde ya que había olvidado lo de mi `comida especial´.
Estaba acabando mi maravilloso manjar de bistec ahumado cuando el timbre sonó.
Me imaginé que sería algún otro vendedor ambulante pero mi madre me llamó para que saludara a alguien. Cuando me asomé por el cristal de la cocina,vi a mi padre y fui corriendo ya que solo le veo una vez a la semana por su trabajo.

Dijo que venía a saludar aunque se marchó pronto.

Después, volvimos a quedarnos solos mi madre y yo. Acabé el postre y me fui a mi habitación a hacer la tarea que nos habían mandado para casa. Terminé rápido y enseguida mamá me encargó un recado:
- Has de ir a la tienda del barrio vecino a entregarle este paquete a mi amiga Sarah. Sabes donde vive, ¿no?.
- Sí, en la avenida Amsterdam número 16, ¿no es así?.
- Correcto. Necesito que lo entregues antes de las 17:30, ya que no estará en casa a partir de esa hora.
- Está bien, intentaré darme prisa.

Miré mi reloj. "Sólo queda media hora", me dije.

Aligeré el ritmo y conseguí llegar a su casa un instante antes de que ella se marchara. A la vuelta, tuve tiempo de pensar, y me dije:
- ¿Por qué me aparto de mis amigos?, es un simple vómito.
- Estoy siendo demasiado ingenuo. No debo avergonzarme, seguro que ellos habrán pasado por algo así y me entenderán.

Pasadas las 23:30, me hundí en mi cama y me quedé dormido en unos instantes.

A la mañana siguiente, tuve el suficiente valor para quedarme con mis compañeros. Temía que se riesen de mi, pero parecía que no recordaban nada. De nuevo, en el patio de recreo, estuve charlando con mis amigos cuando, de repente, Amy Lorence pasó con sus amigas por delante mía y me sonrió.
Tras esa jornada, esa misma noche, tuve el suficiente valor para empezar a redactar una carta destinada a ella.
Usé mas de trece hojas y aun así, no conseguía escribir algo comparable con su sensibilidad. Tras tres largas noches, conseguí escribir la carta perfecta, o casi perfecta. Antes de ir a clase, fui corriendo al estanco y compré un sello y un sobre.
La envié en cuanto salí de casa y estuve esperando un día, otro día y así pasó una semana sin que Amy me respondiera. Pensé que estaba pasando de mí, aunque llevaba tres días sin venir a clase.

Tras una larga semana, mamá me dijo que había algo para mí en el buzón. Estaba muy ilusionado pero tenía miedo a la misma vez. 

Leí la parte frontal y la trasera del sobre y sin duda era de Amy.
Cuando la leí, me quedé sin palabras y las lágrimas empezaron a caer sobre mi rostro.
La carta decía así:


- Querido Charlie:


Mi familia y yo, desgraciadamente, nos hemos tenido que mudar al centro de la capital del Reino Unido, Londres por motivos del trabajo de mi padre.
Te quiero, pero este amor es imposible para los dos y lo sabes. Había estado esperando a que me enviases esa carta desde hace casi dos cursos. Yo no te he enviado esta antes porque la tristeza me impedía hacer nada. Espero que estés bien.

Escríbeme.

                                                          Amy 


Las lágrimas inundaron nuevamente mi cara pero estaba feliz por dentro, feliz de haberla hecho saber de mi amor, aunque este fuera imposible.



                          

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